Carta de ejemplo. Lo resaltado sale de lo que nos cuentas.
Querido Pablo:
Te escribimos desde el palacio, con las cartas de este año abiertas sobre la mesa grande y Dátil asomando el hocico por la ventana. Hemos esperado a que tuvieras nueve años para contarte algo muy importante.
Nos ha llegado que en el recreo Hugo dice que los Reyes Magos no existen, que los regalos los ponen los padres. Hugo tiene parte de razón, Pablo, pero no conoce la historia entera. Y tú ya tienes edad para conocerla.
Te contamos un secreto: cada año hay más niños, y la noche de Reyes sigue siendo una sola. Gaspar se pierde contando tejados y Dátil se queda dormido en cuanto ve una duna blanda. Solos no llegaríamos ni a la mitad de las casas.
Por eso, desde hace muchísimo tiempo, tenemos ayudantes. Pero no unos cualquiera: en cada casa elegimos a las personas que más quieren a ese niño en el mundo. Las que le tuvieron en brazos por primera vez, las que se levantan de noche cuando tiene una pesadilla, las que guardan sus dibujos aunque ya no quepan en el cajón. Todo el año escuchan con qué sueña. Y la noche del 5 de enero, cuando la casa duerme, se quedan despiertas un rato más para ayudarnos.
Leer la carta entera
Lo más bonito llega por la mañana: mientras el niño abre los paquetes, ellas no miran los regalos. Le miran a él. Esa cara es su regalo de cada año.
¿Se te ocurre quiénes son los tuyos?
Sí, Pablo: papá, mamá y la abuela Carmen. ¿Te acuerdas del telescopio de hace dos años, el que encontraste junto a tus zapatos con un lazo enorme? Lo elegimos entre todos. Ellos llevaban meses escuchando lo que pedías en voz bajita.
Desde hoy eres uno de nuestros pajes reales. Un paje guarda los secretos de Oriente, y el primero es el de Martina: ella todavía es pequeña y nos espera con los ojos muy abiertos. Cuídale la ilusión muchos años.
Y como todo buen paje, tienes una primera misión: antes de la noche de Reyes, haz algo bonito por la abuela Carmen sin que se entere de que has sido tú. Ya verás qué bien se está al otro lado de la sorpresa.
Dátil te manda un empujoncito con el hocico. Bienvenido a la caravana, Pablo.
Melchor, Gaspar y Baltasar



